Estos días han sido mejores, me he reencontrado con viejas amistades y he puesto de mi parte en formar nuevas; aunque para ello mis dos meses de abstinencia cannábica tuvieron que irse al tacho, pero está bien, hay ciertas personas con quienes si vale la pena lanzar un par de canutos, acompañados de una buena conversación y, de ser posible, una respetable cantidad de alcohol que haga compañía.
A pesar de sentir cierta satisfacción por haber regresado al ruedo de las relaciones interpersonales (lo cual ya no parece ser una tarea imposible) no pude evitar analizar el proceso mediante el cual los seres humanos socializamos, identificando así ciertos aspectos que me resultan molestos y, en mi opinión, modificables. Quizás este inútil análisis se deba a mi ridícula vanidad, en la cual aún debo seguir trabajando, pero puedo dejar eso para otro momento.
La socialización del humano promedio se basa en lo trivial, en lo banal, en lo fútil. Es un intercambio constante y recurrente de información transitoria e inútil que en su mayoría tiene un impacto mínimo e insignificante en nuestras vidas. Temas diversos y altamente descartables como fútbol, farándula, programas de televisión, chismes de la vida de terceras personas, el clima o la crónica roja del momento en los diarios chicha, solo por mencionar algunos. No estoy pidiendo que la gente se debe soltar hablando por las calles sobre Descartes, Sócrates, Ernesto Sábato o Jorge Luis Borges, pero ¡carajo!, hay tantas cosas de qué conversar que pueden ayudarnos a conocer más de los demás y de nosotros mismos. Yo creo que la interacción humana, en esta época, debe darse para el beneficio de las personas, no para su embrutecimiento o concentración en temas irrelevantes y que terminarán por desperdiciar un perfectamente aprovechable intelecto. Nuestros miedos, nuestras obsesiones, nuestras frustraciones, nuestras pasiones, nuestra perspectiva de la vida, nuestras crisis existenciales, son tan pocas las personas con quienes puedo conversar de estos temas que parece injusto. Creo que parte de ello se basa en la sinceridad, para hablar de estos temas la persona en cuestión debe ser bastante sincera, y gente sincera es difícil de encontrar.
La trivialidad del ser humano promedio me resulta desagradable, su repetible y predecible día a día que lo hace aburrido, no tiene nada que decir, sin embargo habla (a veces demasiado) de su insípida vida, de su soporífica rutina. Las personas con las que me siento cómodo son aquellas con las que tengo más afinidad (es difícil ser más obvio), quienes tienen un ritmo de vida similar al mío, problemas parecidos a los míos, gustos similares, perspectivas, intereses y lugares comunes. Sin embargo me es difícil encontrar personas así, son pocas las personas con quienes me siento cómodo; sin embargo (afortunadamente para mi salud mental) existen, aprecio mucho su amistad y me complace saber que aún me consideran su amigo, a pesar de mi prolongada lejanía. Lo curioso es que estas personas tienen un trabajo o estudian una carrera o practican de manera informal una actividad que tiene que ver con la creatividad, como la música, las artes visuales, la escritura; y aún mas curioso es que dentro de mi propio campo, en el cual se supone hay mucha gente creativa, son pocos con quienes puedo pasar el rato. (Hace unos días recibí una clase sobre el pensamiento creativo, me sorprendió mucho el saber que tengo prácticamente todos los "rasgos antitéticos" propios de la "personalidad compleja" de una persona creativa)
La mayoría de las personas me aburren, pero pienso que tienen todo el derecho de ser aburridas para mí, así como yo le resulto aburridísimo a muchísima gente (y sé que es así). Cada uno tiene derecho a hablar de lo se le venga en gana, sin embargo muchas de las conversaciones convencionales me resultan adormecedoras e insoportables. No sé si esto sea parte de mi "vanidoso criterio" del cual escribí anteriormente, pero quizás no sea un criterio, sino mi forma personal de relacionarme con el resto, después de todo nadie ha dicho que debemos tener una relación de amistad cercana con todas las personas que conocemos, aunque las amistades para mí son escasas, precisamente por esa "forma personal de relacionarme".
Con esas viejas y nuevas amistades ha habido cierta trivialidad, en dosis tolerables, combinadas con temas de los que me gusta conversar, como la religión, la política y la música, y actividades que disfruto como beber alcohol, fumar un wiro o incluso ver una película (gracias por venir Ana). Creo que el truco está en socializar lo más posible y rescatar a quienes podemos tolerar y tratar de forjar una amistad. Después de todo las cosas más triviales pueden después convertirse en las cosas más importantes de nuestras vidas.
