No sé si sentí nostalgia por esos días en que pensaba que era feliz, no sé si sentí lástima por ver a mis amigos convertidos en soldados del mercado del cual huí, no sé si sentí envidia por verlos felices y complacidos por la vida que ahora llevan, no sé, no estoy seguro, pero creo que fue una combinación de los tres, envueltos en una sensación ligera, sutil, sin embargarme ni mucho menos, pues ahora si siento que soy feliz con lo que hago, fuera de ese ambiente laboral que se me volvió tóxico. Sí, ahora si me siento honesto conmigo mismo y creo que eso es lo que debería importarme.
Sin embargo no pude evitar sentir esa lejanía que provocó el tiempo que pasó, me siento distinto a ellos, distante, casi un extraño, darle vueltas a los mismos temas y conversaciones otra vez después de tanto tiempo llegaron a cansarme, quise huir otra vez, alejarme otra vez, y así lo hice. Me disculpé y me retiré, quedando con ellos volver a juntarnos la próxima semana lo cual, a pesar de todo, espero que suceda.
No niego que me gustó ese reencuentro, después de todo siempre me complacen las conversaciones con amigos, aunque estas sean repetidas. Ya no sé a donde pertenezco, quizás a ningún lado, quizás esa búsqueda de mi lugar en el mundo termine siendo inútil. Sí, quizás deba dejar de buscar, al final todos somos extraños, outsiders, niños caprichosos buscando un hogar sin poder encontrarlo nunca, lo único que nos queda es aceptar nuestras rarezas y sentirnos cómodos con ellas.
