jueves, 10 de enero de 2013

Tres

Me sorprendió que después de casi 4 años sin verlos no hayan cambiado nada. Las mismas caras, los mismos trabajos, las mismas ropas, los mismos temas de conversación, los mismos chongos, los mismos apodos, lo mismo todo. No me costó darme cuenta que el único que había cambiado era yo, después de todo ese tiempo cambié de carrera, de amigos, de parejas, de gustos, de perspectivas, de puntos de vista, de muchas cosas. Pareciera que hubieran sido congelados en el tiempo, y el hecho de juntarme con ellos en uno de esos locales del jockey, tan cerca a la universidad donde nos conocimos y nos hicimos amigos, me hizo sentir que volví años en el pasado, un pasado que ahora me parece muy lejano, borroso.

No sé si sentí nostalgia por esos días en que pensaba que era feliz, no sé si sentí lástima por ver a mis amigos convertidos en soldados del mercado del cual huí, no sé si sentí envidia por verlos felices y complacidos por la vida que ahora llevan, no sé, no estoy seguro, pero creo que fue una combinación de los tres, envueltos en una sensación ligera, sutil, sin embargarme ni mucho menos, pues ahora si siento que soy feliz con lo que hago, fuera de ese ambiente laboral que se me volvió tóxico. Sí, ahora si me siento honesto conmigo mismo y creo que eso es lo que debería importarme.

Sin embargo no pude evitar sentir esa lejanía que provocó el tiempo que pasó, me siento distinto a ellos, distante, casi un extraño, darle vueltas a los mismos temas y conversaciones otra vez después de tanto tiempo llegaron a cansarme, quise huir otra vez, alejarme otra vez, y así lo hice. Me disculpé y me retiré, quedando con ellos volver a juntarnos la próxima semana lo cual, a pesar de todo, espero que suceda.

No niego que me gustó ese reencuentro, después de todo siempre me complacen las conversaciones con amigos, aunque estas sean repetidas. Ya no sé a donde pertenezco, quizás a ningún lado, quizás esa búsqueda de mi lugar en el mundo termine siendo inútil. Sí, quizás deba dejar de buscar, al final todos somos extraños, outsiders, niños caprichosos buscando un hogar sin poder encontrarlo nunca, lo único que nos queda es aceptar nuestras rarezas y sentirnos cómodos con ellas.

martes, 8 de enero de 2013

Año nuevo

Recuerdo poco, casi nada, el recuerdo más temprano es estar sentado en las bancas ubicadas en el patio frontal de la casa, algo mareado. Alguien me dijo que parecía estar cansado y que mejor vaya a dormir a la carpa, a lo cual me levanté, salí del patio y recorrí el camino que llevaba de la zona residencial a la playa, pasando entre carros estacionados, frente a otras casas y pequeñas bodegas. Recuerdo que llegué a la carpa, cerca de la orilla, pero no quería dormir, en vez de eso corrí hacia el mar, descalzo y vestido como estaba, debí entrar y salir unas cuatro veces, recuerdo que gritaba, retando al océano vencerme, un pequeño ritual personal casi inconsciente, alentado por el alcohol, la hierba y el md, el cual aún no sé como llegó a mí. Recuerdo que empecé a correr por toda la playa, de carpa en carpa, molestando desconocidos, deseándoles un feliz año, siendo estúpidamente feliz, para finalmente terminar en la carpa prestada, donde descansé por lo menos hasta el medio día del primer día.

Sí, solo eso recuerdo, sin embargo me contaron que hice muchas otras cosas, como llegar semi desnudo a la casa, escandalizando a todos, que quería echarme a dormir con la ropa mojada, que tomé mil fotos a una familia de desconocidos, que perseguía gente, que aparecía de la nada y desaparecía sin dejar rastro, entre otras cosas de las que tampoco puedo dar fe. El saldo final: celular e ipod muertos, al parecer el deseo de entrar al agua fue incontenible en ese estado.

Cambiaría varias cosas que hice y no hice ese día, pero por lo menos se terminó el 2012. No sé que esperar de este año, pero empezarlo en el mar es algo que quise desde el principio, ojalá satisfacer mis deseos sea la consigna.