Recuerdo que los graznidos de las aves me despertaron. Suelen hacer bulla cuando algo las molesta o tienen hambre, pero esta vez hacían un ruido escandaloso, desesperante, como pidiendo auxilio violentamente. Me levanté de la cama, sentía que no debía ignorarlas, que en ese momento algo malo estaba sucediendo.
Salí de mi cuarto y baje las escaleras hacia el segundo piso, sus chillidos se volvían más fuertes, ensordecedores, lentamente me fui acercando hacia las escaleras que daban al primer piso, el bullicio ahora se combinaba con otros sonidos: cajones abriendo y cerrándose violentamente, objetos metálicos revolviéndose entre sí, pisadas fuertes y amenazantes que iban de un lado a otro rápidamente, casi corriendo: ¡estaban robando mi casa!
Por un momento pensé que me estaba equivocando, que seguramente era mi hermano o mi madre, o probablemente mi padre que empezaba a prepararse algo que comer, pero el escándalo que escuchaba no cuadraba con esas teorías, ¿por qué la bulla de las aves si eran personas que conocían? ¿por qué buscaban y rebuscaban entre los cajones si ellos conocían ese espacio? Durante estos pensamientos escuché el timbre de la puerta sonar.
Los ruidos cesaron por un segundo, las pisadas se fueron hacia la puerta de entrada (la cual está próxima a la cocina) y escuché que esta se abría. Sin mediar palabras una segunda persona entró, la puerta se cerró con cuidado y ambos continuaron con su búsqueda entre los cajones. ¡Había entrado un cómplice! Ahora, pensé, mi situación se complicaba: estaba solo en mi casa con dos ladrones en el primer piso.
Confieso que entré en pánico, no sabía que hacer, pero concluí que no debía bajar y enfrentármeles, probablemente estarían armados con cuchillos o armas de fuego y solo terminaría amarrado en una esquina con el rostro tapado y siendo testigo auditivo del desvalijo de mi hogar. Decidí regresar al tercer piso y refugiarme en mi cuarto y llamar a quien sea para pedir ayuda. Subí las escaleras, entré en mi habitación y cerré la puerta.
Logré encontrar mi celular cuya batería había dejado cargando y traté de ubicar el número de mi padre. Con frustración recordé que no lo tenía, que después de haber perdido y comprado otro móvil aún no había recuperado toda mi agenda. Tenía solo el número de mi madre, la cual por esos días estaba de viaje en el norte. Al principio pensé en no molestarla, después de todo se había ido por unos días de vacaciones a chiclayo, pero esta era una emergencia y me quedaba sin alternativas antes que mi casa quedara vacía o peor aún, que los malhechores descubrieran que la casa no estaba sola como ellos pensaban.
Resolví llamarla y pedirle que me dé el celular de mi padre. Sonaba somnolienta y preocupada cuando finalmente me contestó. En mi desesperación le solté sin atenuantes ¡están robando la casa! Ella sin entender me pedía explicaciones, recuerdo haberle repetido esa misma frase unas tres veces hasta que entendió mi situación. Decidió llamar a mi padre ella misma, después de lo cual colgué.
Pensé entonces que quizás mi padre estaba lejos, quizás también de viaje o aún de camino a casa. Pensé entonces que llamar a mi padre o a mi madre era una mala idea, después de todo ¿qué podrían hacer ellos? Decidí entonces llamar a la policía.
Marqué el 105 en el celular y tratando de estar calmado le conté mi situación al alférez o sub-alterno al otro lado de la línea: Mi casa estaba siendo robada, yo me encontraba en el tercer piso, los ladrones en el primero y ellos no sabían de mi presencia. Mi interlocutor me pidió la dirección y me afirmó que prontamente mandarían unas patrullas, después de lo cual colgué por segunda vez.
Caminaba ansiosamente de un lado a otro en la oscuridad cuando de repente empecé a escuchar las puertas de los pisos inferiores abrirse y cerrarse violentamente: los ladrones empezaron a revisar toda la casa y pronto me encontrarían.
Esta vez no podría eludirlos, seguramente me escucharon llamar a la policía, seguramente escucharon la puerta de mi cuarto cerrarse y ahora sabían que había alguien más en la casa y no descansarían hasta encontrarme. Otra vez entré en pánico, no podía salir, tendría que esconderme, sintiéndome un cobarde me metí debajo de mi cama como pude, con el celular en la mano y la paranoia al límite.
Estuve ahí metido un par de minutos, cuando de repente el teléfono de la casa sonó. Escuché claramente pisadas fuertes e imponentes dirigirse hacia el primer piso y hacer que el timbre telefónico se silencie. Lo más probable es que hayan desconectado el aparato y ahora tengan la completa certeza que hay alguien en la casa. Seguramente seguirían con su búsqueda con más ahínco, hasta encontrar al soplón escondido que los delató.
En ese estado alterado andaba cuando en mis manos vibró el celular, era mi madre. Respondí rápidamente y le pregunté ¿qué fue? Ella tranquilamente me dijo que mi padre estaba en la casa, que estaba en el primer piso y que todo estaba bien.
Su respuesta me descuadró. Como un rayo comprendí que mis alucinaciones me habían jugado una mala pasada. Ella preocupada me preguntó "¿hijo, estás bien?" Yo no sabía que responderle, la había preocupado a kilómetros de distancia y ahora estaba yo, confundido y alterado, debajo de mi cama pensando en ladrones de cocinas. Le dije que sí, que estaba bien, que todo había sido un mal sueño y que no se preocupara más, que iba a estar todo bien. Con dificultad ella aceptó mis excusas y colgué.
Algo avergonzado salí de debajo de la cama y me senté sobre ella, me puse a pensar en todo lo que había pasado y me sentí el ser más extraño del mundo. No es la primera vez que me pasa algo así, cuando era un niño y aún compartía cuarto con mi hermano recuerdo haber despertado y saltado de mi cama pensando en que la tierra temblaba, en esa ocasión corrí hasta las escaleras que dan al primer piso, desde donde escuché la conversación tranquila de mis padres, echados en su cama mientras veían televisión. Su tranquilidad me extrañó pero me hizo ver que estaba imaginando cosas, que la tierra no temblaba descomunalmente como pensaba. Que mi mente estaba jugando conmigo.
En esta ocasión la ilusión había durado más, había involucrado a terceros y mis miedos se habían exacerbado hasta el punto del pánico. Quizás este desarrollando algún tipo de alteración mental, quizás sea algún episodio paranoico altamente esporádico, quizás tenga que ver algo la ganjah roja que fumé antes de que todo esto pasara. De cualquier forma siento que en mi afán de conocerme más a mi mismo estoy descubriendo rincones de mi mente que estimulan aún más mi curiosidad. Solo espero que logre controlarla del todo algún día, y que nunca llegue a estar fuera de mi control. Terminar en un estado mental inconsciente sería insoportable y completamente humillante.
P.S. Después de un rato llegó la policía y tuve que dar más explicaciones que no quedaron ahí, mi viejo estaba asadazo. Fue a pesar de todo una noche interesante.
