No confío en la gente, quizás se deba al hecho de que el mundo se ha convertido en un lugar poco confiable en el cual vivir, o quizás sea simplemente un problema de introversión mío, lo cual es más probable. No socializo mucho, me es difícil, tan solo entablar una conversación cotidiana y sin mayor relevancia para el resto del día me resulta complejo. Nunca he tenido muchos amigos, a estas alturas de mi vida puedo decir con total sinceridad que las personas a quienes llamo mis amigos son menos que los dedos de una sola mano. Mi infancia es quizás la etapa más horrible que me ha tocado vivir, mi tiempo en la universidad fue bastante aburrido, y ahora, bueno, diría que estoy tratando de conocerme y de resolver mis conflictos emocionales por mi cuenta; sin embargo he estado considerando seriamente en consultar a un profesional, después de todo he desarrollado cierta admiración por los estudios psicoanalistas del austriaco aquel, quien de forma astuta y magistral resolvió nuestra forma de pensar y actuar basándose casi exclusivamente en nuestros mundanos deseos carnales.
No sé que espero conseguir al escribir, quizás sea mi necesidad de ver mis propios pensamientos plasmados en letras y ordenados en oraciones y párrafos, quizás con la inútil esperanza de encontrar alguna respuesta que me ayuda a crecer, madurar y, siendo bastante optimista, sentirme menos triste. La felicidad me ha sido esquiva, no siento que lo merezca, no me considero una buena persona, pero tampoco creo hacerle daño a nadie. Por propia intuición puedo percibir en mí estados mentales que van acorde con lo que los estudiosos describirían como depresión, ansiedad y quizás bipolaridad. He pensado en la autodestrucción seriamente en tres veces a lo largo de mi existencia, en ninguna llegué a concretar nada, y en ninguna tuvo algo que ver el amor, más bien mucho tuvo que ver el odio, hacia mí mismo y hacia los demás, lo cual me lleva nuevamente al tema de la confianza.
La expresión artística llegó a mi vida casi como una salvación, como un escape de la realidad que tan poco me ha complacido, no diría que mi trabajo salvó mi vida, pero si hace que los días sean más tolerables y hasta le dan un sentido al acto de levantarme de la cama, me dan algo que hacer y mantienen mi mente ocupada, aunque para ello he usado otros recursos como la marihuana, por varios años hasta hace un par de meses, la verdad no me siento mejor por haber dejado de drogarme, pero tampoco siento que lo necesite, como pensaba con tanta seguridad hasta hace poco.
Espero que al menos me ayude a mí mismo, no me agrada encomendarme una tarea que no resulte productiva de algún modo, si no veo algún cambio positivo me decidiré por el especialista, de cualquier modo no tengo nada que perder.

No hay comentarios:
Publicar un comentario